viernes, 27 de julio de 2012

El valor de no tener que perdonar lo imperdonable

"Nuestras acciones y palabras definen quiénes somos, no nuestros nombres y apellidos"
El largo camino de alguien que susurra por dentro dos palabras sinceras y expresa millones de palabras sin valor.
No me resulta necesario perdonar ni disculpar a nadie porque esas dos palabras son suficientes para mí.
¿Se puede matar, violar o robar algo tan valioso que va más allá de lo físico? Si hallas la forma me harás mucho daño sin duda.

El valor de saber quién eres

Nadie es condescendiente al saber su nombre y de donde viene. Sin embargo, en una búsqueda de la autocrítica, el objetivo es mejorar hasta la perfección absoluta dentro de nuestra propia imperfección.
Aquella persona que alcanza el límite y se ve presionado por factores externos no logra desarrollar sus habilidades.
Cuando la nube tapa el sol, sigue estando iluminado, pero menos de lo que realmente debería.
Por eso, nunca dejes que los demás te digan cómo eres ni quién eres, sé tú quien moldee tu vida, usa tu libertad para estar condenado dentro de tu libertad y no para estar totalmente libre en el libertinaje.
Tras un tiempo, hallarás la felicidad en aquello que antes te resultaba imperceptible, porque no hay mayor ciego que el que tiene ojos para ver y no es capaz de observar todo lo que compone la única realidad de esta vida.

lunes, 16 de julio de 2012

Nothing and everything

¿Qué es este sentimiento que me atenaza?
¿Cómo describir la tristeza que asola mi corazón?
Y lo combato, sin saber qué es, sin saber por qué.
Mi alma grita desesperada.

jueves, 12 de julio de 2012

Letargo digno de Dioses

"Your touch are like the taste of angels"- Y es que con esta frase tan singular que leí por algún sitio me doy cuenta de que somos más que máquinas; buscamos un fin dentro del mismo tan inevitable.
Cuando obtienes todo tipo de cosas, lo que más deseas es una luz que haga tu vida distinta y especial respecto a la monotonía general.
La vida sin amor es como el reloj sin las agujas, carente de significado y absurda.
El sueño, descanso místico, lleno de sentidos y contradicciones, nos aporta una visión diferente de nuestras percepciones del día a día.
Allí, de hecho, encontramos nuevas respuestas a preguntas que, a priori, nos parecen incontestables.
Es precisamente en este letargo donde hallamos una nueva expectativa por creer que somos más que una especie en busca de la supervivencia, que existe una razón más por la que estamos sobre este mundo.
Una vez, hace mucho tiempo, creí que era un Dios. En efecto, estaba equivocado, pues no soy más que huesos y carne; pero quizás, más allá de lo superfluo de nuestra existencia, ignoramos aquello que, sin embargo, es digno de un Dios: el sueño y la esperanza.

miércoles, 4 de julio de 2012

El aullido sin retorno

Y el hombre empezó a temblar, su cuerpo vigoroso y enérgico anhelaba más y más, para siempre.
La sangre recorría su boca y sus manos y, con una sonrisa sardónica en su rostro, comenzó a aullarle a la luna. Ah, la luna...fuente de misterio, pasión de los locos, compañera de los lobos.
Cuan aguerrido se sentía el hombre en ese preciso instante en el que con sus manos arrancó el corazón a aquella joven tan hermosa, tan llena de vida y de pasión.
Pero, ¿con qué clase de frialdad alguien como aquel hombre puede arrebatar lo más preciado?
De pronto, comenzó a sufrir espasmos de puro terror. Su carne, sus huesos, todo lo que componía su aspecto se deformó en una masa grotesca: se había convertido en un monstruo por alguna extraña razón.
La cólera invadió al hombre que había dejado de ser hace tiempo.
Aquel día, bajo una inmensa lluvia, un niño le había pegado y él quiso vengarse. Lo mató, apuñalandole por la espalda repetidas veces y, cuando cayó, se dio cuenta de lo que había hecho.
No obstante, lejos de arrepentirse, sintió en ese momento que podía sentir excitación y placer con ello.
La sangre, mezclada con el agua, le estaba llamando, podía sentirlo. Al final, acabó bebiendosela del mismo suelo mojado.
Pero aquellos recuerdos, hermosos para él, se iban deshaciendo al igual que su vida mientras perdía la conciencia y el razonamiento de hombre. El monstruo alzó la cabeza y profirió un terrible aullido.
Había nacido un nuevo ser, un camino sin retorno se había abierto para aquel que, una vez, fue hombre.